viernes, 25 de enero de 2013

Pesadilla Eterna

Hoy me he despertado y mi casa estaba vacía.
Oscuridad mirase adonde mirase, 
silencio oyese adonde oyese, 
tristeza sintiese adonde sintiese.

Hoy me he despertado y mi casa estaba vacía.
Y mi cama no se acababa.
Y mis sábanas me ataban.
Y en mi sudor me ahogaba.

Hoy me he despertado y mi casa estaba vacía.
Persianas hasta abajo, frío hasta arriba.
Habitaciones cambiadas, yo perdido.
Y en el viejo reloj digital
de las 2:36 a las 2:35.

El hielo a mis pies, y en mis pies un mixto.
Mixto encendido, yo iluminado.
Un espejo reflejando mi yo vivo tumbado,
y yo que no era reflejo,
tirando el mixto asustado.

Realidad encendida, ojos abiertos como platos.
Oscuridad mirase adonde mirase,
silencio oyese adonde oyese,
tristeza sintiese adonde sintiese.

Hoy me he despertado y mi casa estaba vacía.
Hasta abajo las persianas, hasta arriba el frío.
Y en el viejo reloj digital

martes, 22 de enero de 2013

17+1

 De entre todas las verdades que no me quiero creer, la que más me pesa es la que me cuenta que ya tengo dieciocho años.

 Un día te levantas y te das cuenta de que se acabó el poder violar y matar a la gente por la calle e irte de rositas, de que tendrás que elegir de entre todos los delincuentes que optan a gobernar tu país al que mejor se haya vendido y mentido, de que se acabaron los descuentos por ser menor de edad y las excusas para cometer las irresponsabilidades más divertidas.

 Por más que me miro al espejo no encuentro tantos años por ningún lado, ¡pero si hace nada estaba yo haciendo el vago (como de costumbre) en el útero de mi señora madre! Abro entonces el baúl de los recuerdos (uuuh), ese que cada vez que me pierdo un poquito me recuerda quién soy. Ahora sí que veo los dieciocho por todas partes: en la foto de ese niño feliz en su primer cumpleaños, en los vídeos con la que fue mi compañera de infancia, en las cartas que alguna vez creí que significaban amistad verdadera, en el primer libro que me leí, en la pancarta gigante que me regalaron las primeras personas que de verdad han llegado a conocerme, en los sprays vacíos de graffiti con los que un día sellamos nuestro amor/odio, en todos los CDs piratas que tienen grabada la banda sonora original de mi vida...

 Increíble, realmente increíble. Casi no me he dado cuenta de que existo cuando ya han pasado los que estoy seguro que han sido los mejores años de mi vida. He sido feliz, he sido muy feliz, y todo gracias a vosotros, gente que me rodeáis (: papá, mamá, Dani, Pavillas, Alvaro, Gordas, etc.) y me aguantáis día a día, sacándome sonrisas. No sería nada sin vosotros, y que me haga un poquito más mayor no significa que deje de necesitaros, en absoluto. Ahora, ahora más que nunca os quiero a mi lado, para no olvidar jamás la mejor infancia y adolescencia que se puede tener, la que he tenido.

 Nadie se escribe a sí mismo por su cumpleaños, pero yo he creído que me lo merecía, porque soy genial; a mí manera, pero genial al fin y al cabo. Gracias Dios, Universo, Nada, o seas lo que seas que me has dado estas intensas e inmejorables dieciocho elípticas y exactas vueltas al Sol. Aunque ya haya conocido a la mujer más maravillosa del mundo (mi madre), al hombre más sabio y bondadoso (mi abuelo), a los mejores ángeles de la guarda (vosotras, sí, vosotras) y al amor de mi vida, sé que me queda por delante la más emocionante de las aventuras: el resto de mi vida; y sólo pido que sea la mitad de perfecta que la restante que dejo atrás.

                                             Feliz Cumpleaños. Felices 18.



sábado, 19 de enero de 2013

20 de Enero

19 de Enero, 2018; 23:23

 Llené de libros mi maleta, también de fotos tuyas de antes. Cogí un tren que no dormía.

20 de Enero, 2018; 5:26

 Y en el momento que vi tu mirada buscando mi cara, la madrugada del 20 de Enero saliendo del tren, me pregunté qué sería sin ti el resto de mi vida. Mi sonrisa te llamó y saltaste de andén en andén hasta llegar al 23. No sé cuánto tiempo estuvimos mirándonos así, como si encontrásemos uno en el otro el resumen de todo ese tiempo sin vernos. De repente y sin saber cómo, me encontré entre tus brazos, sano y salvo de nuevo después de tanto tiempo sin estarlo. Pude sentir nuestros corazones acelerados, como solía hacer hace años, aunque aquella vez la razón de esos latidos con prisa fuera bien diferente.

 Una vez que pude verte y repasar cada detalle de tu cara para descubrir que en el fondo seguías siendo el Alv de siempre, cogí el aire que tu perfume había conquistado y acto seguido te dejé descubrir el efecto que todo este tiempo sin ti había causado en mi voz:

—Te quiero.
—Te adoro.
—Y te vuelvo a querer.

 Sonreímos. Di gracias a la vida por enseñarme a ver las cosas de otra manera y hacer que no perdiera a la persona más importante de mi vida, a mi mejor amigo: tú. Aquél banco de aquél parque en el que una vez hicimos nuestro puzzle nos escuchó resumir con prisas tiempo de silencio. Todo mi vacío se llenó de aquellas palabras contando tu vida, y prometimos no volver a fingir olvidarnos uno al otro.

 Todos hemos confundido sentimientos, pero no a todos se le han dado infinitas oportunidades como me las has dado tú a mí. Escúchame bien, porque sé que le estoy hablando al mejor amigo que jamás he tenido y tendré: gracias. Y aunque se quede corto, demasiado, el resto te lo pienso devolver en forma de abrazos y favores (los que me pidas, de verdad), porque siento que te debo mucho...

 Eres sencillamente genial.
Siempre dispuesto a ser tu mejor amigo, Sankt.

P.D: Feliz 20 de Enero, grandullón.

Déjalo

 No hace falta que te jure, querido compañero, que no debo quererte y que sin embargo te quiero. No me crees cuando te digo que no necesitas a nadie para ser feliz, que el camino más rápido al amor es no buscarlo. ¿Cómo crees que llegaste tú a mi vida?

 Perdónate, deja de pensar, y que los sentimientos lleguen solos. Al igual que te encontré dejando de buscarte, te olvidé dejando de tratar de olvidarte. Deja de preocuparte por vivir, y empieza a vivir de verdad. Deja de fijarte en quién soy y empieza a sentir mis palabras. Intenta olvidar por completo los momentos a mi lado, quizás así recuerdes que estuve dispuesto a dar mi vida porque fueses feliz. A mí me basta con que me pidas que intente odiarte, para volver a amarte.

 Tú necesitas encontrar al amor de tu vida, yo necesito quedarme dormido y no despertar jamás; soñemos juntos la canción más bonita del mundo. Juguemos a que tú me quieres y yo me lo creo.

martes, 15 de enero de 2013

Besos salados

 Se apoyaba torpe en la moto, que era fea y triste como él. Más de una vez me hubiese gustado quedarme durante días observándole así, echado en el cristal frío de mi ventana, disfrutando de su pensar fingido; pero sabía que abajo me esperaban sus labios, y las ganas de creer que era feliz podían con mi curiosidad, con el misterio que se me antojaba su inexplicable belleza. Me bebía las escaleras temiendo llegar a su encuentro y descubrir que la lluvia de Abril lo había arrastrado hasta el estanque en el que empezamos a odiarnos. Se miraban nuestros ojos y sin nuestro consentimiento se dibujaban nuestras sonrisas. No podía evitar acabar con los 3 metros que separaban mi puerta de sus abrazos de cuero. Sin dejar de abrazarme me subía en su moto sin que me diera cuenta, y alzaba el vuelo. Cabezas sin casco. El camino a su casa era la excusa perfecta para explicar nuestras lágrimas. Lleno el depósito, vacíos nosotros. Su corazón le preguntaba a mi cara en su espalda por qué no amaba a su dueño, al igual que amaba cada segundo perfecto a su lado; el espejo retrovisor me chivaba que él se hacía la misma pregunta. A veces nos bajábamos, a veces no. Cuando lo hacíamos culpábamos al viento de la humedad que acusaba nuestros ojos y entrábamos al pórtico de su bloque de pisos, para resguardarnos de la realidad. Nos mirábamos confiando en que el silencio precipitaría la penumbra que nos limitábamos a esperar sentados uno frente al otro.

 Llegaba al fin la noche, y matábamos con besos de horas la tristeza de toda una vida, a oscuras en su portal. El nudo pasaba de nuestras gargantas a nuestras lenguas. Paseaba la suya por toda mi línea de dientes, divertido y sensual. Nos comíamos uno al otro, matándonos aún más del hambre. Nos mordíamos, nos bebíamos, nos llenábamos. A veces no distinguía su boca de la mía. Nuestros labios se despedían con caricias con prisa que se atropellaban, desembocando en otro beso que se negaba a acabar.

 Nos dijeron que la vida era corta, pero nosotros seguimos besándonos, aún sabiendo que nuestros relojes se dispararían. Solíamos amanecer casi dormidos, boca con boca, pensando que no habían pasado más que cinco, quizás diez minutos. Todavía creo que nos besábamos soñando y despertábamos besando; aún no sé si la comisura de sus labios se convertía en mi almohada, o mi almohada me traía falso cada momento. Me gustaría saber si la última vez fue real o sólo un sueño, aunque sus labios supieron tan reales como sus palabras, sí es cierto menos amargos:

 Creo que la forma más triste de vivir es no tener en tu mano el poder de hacer feliz a la persona a la que amas. 

 Nunca unos besos supieron tan salados.

No sé exactamente si eran mariposas, pero estaban ahí sin que yo las llamara; cada vez que te acercabas, ¡revoloteaban!. Eran tuyas pero estaban en mi estómago...

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.
"Mariposas en el estómago", vaya metáfora de mierda. Más bien parecen abejas asesinas.

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