con tus labios en mis labios,
los abrazos por la espalda
y el sexo de madrugada.
Con el recuerdo de tus sonrisas
a dos centímetros de las mías,
de nuestras miradas calladas
y tu respiración entrecortada.
Me quedo con esas noches
que empezaron en el sofá
y acabaron en mi cama;
esas de las que ya no sé nada.
Con una Coca-Cola con tu nombre,
con tus gafas en mi mesa cada noche,
con tu olor en mi almohada
y sobretodo, me quedo con las ganas.
Me quedo con la esperanza
de que vuelvas algún día.
De que no haya sido un sueño,
de que de verdad me querías.
Con el azúcar de tu nombre
y con la de quererte, mi costumbre.
Y aunque no me quede contigo,
me quedo con nuestro dulce Octubre.
