domingo, 10 de noviembre de 2013

Octubre Dulce

Me quedo con Octubre:
con tus labios en mis labios,
los abrazos por la espalda
y el sexo de madrugada.

Con el recuerdo de tus sonrisas

a dos centímetros de las mías,
de nuestras miradas calladas
y tu respiración entrecortada.

Me quedo con esas noches

que empezaron en el sofá
y acabaron en mi cama;
esas de las que ya no sé nada.

Con una Coca-Cola con tu nombre,
con tus gafas en mi mesa cada noche,
con tu olor en mi almohada
y sobretodo, me quedo con las ganas.

Me quedo con la esperanza
de que vuelvas algún día.
De que no haya sido un sueño,
de que de verdad me querías.

Con el azúcar de tu nombre
y con la de quererte, mi costumbre.
Y aunque no me quede contigo,
me quedo con nuestro dulce Octubre.



martes, 5 de noviembre de 2013

Me duele el cuerpo de quererte

Me duele la cabeza de pensarte,
los ojos de verte,
la nariz de olerte y
la boca de besarte.

Me duelen las piernas de andarte,
las manos de acariciarte,
el pecho de latirte
y el estómago de mariposearte.

Me duele el cuerpo de quererte
y no porque quererte duela;
lo que me duele es quererte
sin conseguir que tú me quieras.

Por eso hoy he decidido
que ni estos ojos,
ni esta cabeza,
ni este pecho,
volverán a doler de quererte.
Y aunque me muera por tus huesos
no quiero volver a verte,
ni a pensarte, ni a latirte.

Quiero olvidar que existes.
Entonces

me dolerá la nariz de no olerte,
las piernas de no andarte,
la boca de no besarte y
las manos de no acariciarte.

Me dolerá el cuerpo de quererte,
porque no quererte no creo que pueda
y puede que entonces,
entonces sí que tú me quieras.

domingo, 27 de octubre de 2013

El día que no te conocí

 Hoy, después de año y medio y casi 500 noches en vela, me he despertado de ti; y he descubierto que eres real, que todo esto no ha sido solo una pesadilla. ¿Pero cómo iba yo a creer que me había enamorado de un monstruo si no era en sueños?

 Maldigo aquella primavera del 2012 en la que me quedé dormido de ti. Reescribiré nuestra historia y cambiaré el final; no es que ya no vaya a ser un final feliz, es que va a ser un final sin ti:

 El día que no te conocí yo vestía zapatillas nuevas, mis pantalones favoritos y esa camisa que no pude volver a lavar después de que me abrazaras por primera vez. Tú llevabas aquella camiseta blanca llena de tu perfecto olor y unos pantalones lo suficientemente apretados como para hacerme mirar cada vez que no te dabas cuenta. 

 El día que no te conocí eran las 12:34 cuando corrías hacia mí para sumirme en tu profundo coma, entonces me lo pensé dos veces y huí de aquel momento destinado a ser feliz para estar 17 meses sin saber lo que es amar. Pero todo pasa, todo llega, todo cambia, y de repente un día se abren las puertas de un tren y tú estás al otro lado, sonriente y tan guapo como siempre, dispuesto a quererme; sólo que para entonces yo ya he encontrado al verdadero amor de mi vida.

 Porque amar con locura no es la única forma de amar. Y yo ya estoy demasiado loco como para que tú me vuelvas más aún. Lo que necesito es paz, cordura, sensatez, abrigo, amistad, cariño. Lo que necesito es justo lo contrario a ti, justo lo contrario a haberte conocido.

 Pero oye, no te preocupes, que dicen por ahí que no hay mal que por bien no venga.

lunes, 21 de octubre de 2013

El día que la descubrí

La vi brillar entre la nube gris de gente.
Ella iba de negro y los demás vestían colores.
Todos hablaban y sonreían
y ella estaba callada y triste.
Pero era ella la que brillaba
y eran ellos los grises.

No sé si fue el flash de su cámara,
con la que cazaba las obras de arte,
salvajes, que rondaban su día a día;
o una idea apareciendo en su cabeza
con forma de bombilla encendida.
Pero la vi brillar entre la nube gris de gente.

Con sus labios de sangre,
sus ojos de césped
y su piel de nieve,
quería esconderse.
Pero su espalda de alas plegadas
anunciaba lo inminente.

Me atraía,
me dejaba perplejo.
Me llamaba,
me pedía explicaciones.
Pero, ¿cómo le cuentas a un ángel
que le has descubierto?

sábado, 19 de octubre de 2013

Lo que digo (y lo que siento)

Hola (te echaba demasiado de menos como para aguantar un día más sin escribirte). 

 Cuánto tiempo (no me puedo creer que hayas soportado todos estos meses sin hablarnos). ¿Cómo estás? (¿te hace feliz la gente con la que me sustituíste?). Últimamente no sé nada de ti (ya no formo parte de tu vida). Pensaba que al mudarme a Madrid quedaríamos más a menudo (quise echarle la culpa de no haberte enamorado a la distancia). A ver si nos vemos un día (ojalá no me cruce contigo porque no podré disimular que aún te amo) y nos tomamos algo por ahí (sigo sediento de tus besos y hambriento de tus abrazos). 

 Espero tu respuesta (siento no asumir que estás harto de mí).
Un saludo (intentaré que ésta sea la última carta que te moleste).

No sé exactamente si eran mariposas, pero estaban ahí sin que yo las llamara; cada vez que te acercabas, ¡revoloteaban!. Eran tuyas pero estaban en mi estómago...

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.
"Mariposas en el estómago", vaya metáfora de mierda. Más bien parecen abejas asesinas.

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