jueves, 7 de febrero de 2013

Carta a un amor dormido

26 de Diciembre, 2012
Tú (Madrid)
Querido desamor de mi vida:

 Puede que esto sí que sea nuestra última despedida. Yo no puedo seguir así. Te echo de menos; echo de menos lo que yo significaba para ti (o lo que me hiciste creer que significaba). Me muero por que me quieras y no me sirve de nada que me lo digas si todo lo que eres ahora me demuestra justamente lo contrario.

 ¿Qué ha pasado con la magia de nuestras palabras? No quiero dejar de creer en ella... Pero necesito saber si sirve de algo la fe que cada día me cuesta más inventar. ¿Realmente merece la pena estar haciendo el ridículo de esta manera? Estoy siendo un montón de personas menos yo, sólo por tratar de hacerte recordar lo que un día fuimos, que un día me quisiste, pero de verdad...

 ¿Para qué espero?, ¿para qué pierdo el tiempo contemplando tus fotos o vigilando tu última conexión con la esperanza de que algún día te apetezca hablarme, si sé que eso nunca pasará? Si voy a buscarte, ¿querrás que te encuentre? Quiero luchar por acabar con los kilómetros que nos separan, pero tengo miedo de conseguirlo y que no sirva para nada; de tenerte cerca y seguir sintiéndote tan lejos; de que no quieras verme; de que empieces a odiarme por quererte tanto.

 Así que dime, dime si al final del camino estarás tú, dime si me va a merecer la pena emplear todas mis fuerzas en llegar a la meta, si este sufrimiento finalmente me llevará a ti. ¿Quieres siquiera que lo intente? Pensaba que yo no era el único que deseaba poder abrazarnos más a menudo, pero tus palabras más que acercarnos parecen querer separarnos; y yo que ya he olvidado cómo huir de ellas, no puedo más que pedirte que me digas de una vez toda la verdad. TODA.

 Fmdo: el amor más desesperado,
Sankt

domingo, 27 de enero de 2013

¿Truco o trato?

 Hemos caído en el vicio de las conversaciones que mueren; de esas que se escapan de mi conciencia, de la necesidad de saber cómo estás; de esas que acaban con tu "Me alegro", y vuelven a nacer con mi "¿Qué tal?"

 Me mientes diciendo que todo va bien, pero no importa, yo también te miento. No creo que te fijes en mi respuesta siquiera, así que al menos tú sólo me engañas a mí. Yo sin embargo además de a ti, me engaño a mí mismo creyéndote a caso hecho para poder dejarte en paz tranquilamente, para pensar que ya he hecho por ti todo lo que podía. Aunque te fijases en mis respuestas, no necesitarías timarte para estar tranquilo: tus preocupaciones han viajado de las mías a las respuestas de otro.

 Arranco una página de mi diario, una página con complejo de avión de papel. Escribo en ella y le doy la forma que le hará la hoja de diario más triste del mundo. Me acerco con ella a la ventana. La abro. Y ahora por ahí suelto y sin rumbo, va volando un aeroplano buscando desesperado tu "Acepto". En él, tatuado:

 Te propongo un trato: tú te desenamoras de él y yo vuelvo a enamorarme de ti.

sábado, 26 de enero de 2013

Sólo en la azotea

 Aprieto entre mis labios el último cigarro del paquete. Lo enciendo torpe, muerto de frío. Me trago mis lágrimas en forma de humo; me deshago de mis ganas de llorar lanzándolo al aire, viendo cómo sube lentamente hasta formar parte de un cielo morado oscuro que me ignora, un mal amigo, que se niega a hacerme el favor de derrumbarse sobre mí.

 La Luna existe tímida tras las nubes, apenas ilumina, dándole a las que la tapan un rosa pastel que me da hambre, hambre de sonreír. Me alegro de que así sea, de que no pueda verla, porque hacerlo siempre me recuerda a ti, aunque oculta también lo esté haciendo.

 Consumo el cigarro como he consumido mis ganas de vivir: a penas sin darme cuenta. Lo tiro y lo piso. Y me aseguro de que esté bien apagado; no quiero que el incendio de rabia que ha abrasado mi cuerpo se propague a la azotea —intoxicando a los pocos que me quedan— de mis sentimientos.

viernes, 25 de enero de 2013

Pesadilla Eterna

Hoy me he despertado y mi casa estaba vacía.
Oscuridad mirase adonde mirase, 
silencio oyese adonde oyese, 
tristeza sintiese adonde sintiese.

Hoy me he despertado y mi casa estaba vacía.
Y mi cama no se acababa.
Y mis sábanas me ataban.
Y en mi sudor me ahogaba.

Hoy me he despertado y mi casa estaba vacía.
Persianas hasta abajo, frío hasta arriba.
Habitaciones cambiadas, yo perdido.
Y en el viejo reloj digital
de las 2:36 a las 2:35.

El hielo a mis pies, y en mis pies un mixto.
Mixto encendido, yo iluminado.
Un espejo reflejando mi yo vivo tumbado,
y yo que no era reflejo,
tirando el mixto asustado.

Realidad encendida, ojos abiertos como platos.
Oscuridad mirase adonde mirase,
silencio oyese adonde oyese,
tristeza sintiese adonde sintiese.

Hoy me he despertado y mi casa estaba vacía.
Hasta abajo las persianas, hasta arriba el frío.
Y en el viejo reloj digital

martes, 22 de enero de 2013

17+1

 De entre todas las verdades que no me quiero creer, la que más me pesa es la que me cuenta que ya tengo dieciocho años.

 Un día te levantas y te das cuenta de que se acabó el poder violar y matar a la gente por la calle e irte de rositas, de que tendrás que elegir de entre todos los delincuentes que optan a gobernar tu país al que mejor se haya vendido y mentido, de que se acabaron los descuentos por ser menor de edad y las excusas para cometer las irresponsabilidades más divertidas.

 Por más que me miro al espejo no encuentro tantos años por ningún lado, ¡pero si hace nada estaba yo haciendo el vago (como de costumbre) en el útero de mi señora madre! Abro entonces el baúl de los recuerdos (uuuh), ese que cada vez que me pierdo un poquito me recuerda quién soy. Ahora sí que veo los dieciocho por todas partes: en la foto de ese niño feliz en su primer cumpleaños, en los vídeos con la que fue mi compañera de infancia, en las cartas que alguna vez creí que significaban amistad verdadera, en el primer libro que me leí, en la pancarta gigante que me regalaron las primeras personas que de verdad han llegado a conocerme, en los sprays vacíos de graffiti con los que un día sellamos nuestro amor/odio, en todos los CDs piratas que tienen grabada la banda sonora original de mi vida...

 Increíble, realmente increíble. Casi no me he dado cuenta de que existo cuando ya han pasado los que estoy seguro que han sido los mejores años de mi vida. He sido feliz, he sido muy feliz, y todo gracias a vosotros, gente que me rodeáis (: papá, mamá, Dani, Pavillas, Alvaro, Gordas, etc.) y me aguantáis día a día, sacándome sonrisas. No sería nada sin vosotros, y que me haga un poquito más mayor no significa que deje de necesitaros, en absoluto. Ahora, ahora más que nunca os quiero a mi lado, para no olvidar jamás la mejor infancia y adolescencia que se puede tener, la que he tenido.

 Nadie se escribe a sí mismo por su cumpleaños, pero yo he creído que me lo merecía, porque soy genial; a mí manera, pero genial al fin y al cabo. Gracias Dios, Universo, Nada, o seas lo que seas que me has dado estas intensas e inmejorables dieciocho elípticas y exactas vueltas al Sol. Aunque ya haya conocido a la mujer más maravillosa del mundo (mi madre), al hombre más sabio y bondadoso (mi abuelo), a los mejores ángeles de la guarda (vosotras, sí, vosotras) y al amor de mi vida, sé que me queda por delante la más emocionante de las aventuras: el resto de mi vida; y sólo pido que sea la mitad de perfecta que la restante que dejo atrás.

                                             Feliz Cumpleaños. Felices 18.



No sé exactamente si eran mariposas, pero estaban ahí sin que yo las llamara; cada vez que te acercabas, ¡revoloteaban!. Eran tuyas pero estaban en mi estómago...

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.
"Mariposas en el estómago", vaya metáfora de mierda. Más bien parecen abejas asesinas.

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- Ligia García y García