viernes, 21 de diciembre de 2012

¿Qué haces tú aquí?

—¿Qué haces tú aquí? —respondió Alv sorprendido al encuentro con Sankt en su portal.
—He venido a despedirme.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Pi, pi, pi...

 Me despierta dulce un calor en la frente. El sol sube lento el escalón de luz que la vieja persiana del hospital sufre como recuerdo de mi última visita. Ahora el ángulo que forman sus rayos con la herida del plástico escarchado se muda a mis ojos. Sabía que tarde o temprano tendría que descubrir, sin sorpresa, dónde estaba; pero hasta que no abro los ojos no lo acepto: hoy me toca vivir de nuevo el mismo infierno de cada sábado.

 La miro y me enseña sus canicas de mar. Sus azules me recuerdan a ti y me hacen preguntarme cuánto tiempo estaremos esta vez sin hablar, aunque me responde a otra pregunta bien diferente: "¿por qué te quiero?"; y de tu azul se tiñen mis labios, que ahora esbozan una sonrisa.

 Ella, que sabe que para mí su mirada eres tú, cierra fuerte los ojos en su empeño porque te olvide, sin darse cuenta de que lo único que está haciendo es no querer ver lo más increíble que se ha visto y podrá verse jamás: mi amor por ti.

 Mis pupilas ceden entonces toda la luz a mis párpados en forma de fuego, para viajar a través de mis recuerdos hasta ti. Tus manos apretándome fuerte me avisan de que ya ha llegado el momento. Abro los ojos y a ella ya se la han llevado. En la puerta se apoya el enfermero más guapo de todo el hospital. Me mira; sonríe y me parece que esté llorando. Al salir al pasillo el olor a pintura me pica en la cabeza, y me pregunto si además de los botes a los lados del pasillo la peste también puede ser producto puro de mi esquizofrenia .

 Llegamos a la sala Q. Me tumbo y busco el techo. Lo encuentro, y entonces cambio las lágrimas que acostumbran a inundar el cielo amarillento del sitio por una sonrisa aún más triste que la del enfermero, ¿sabes por qué?, porque de tu azul, azul el techo.

 Miro a esa tortuga con agujas que se encarga de contar el tiempo a la que llaman reloj y le escupo las 4 horas que muero por que acaben. "No será para tanto", me trato de convencer.
—Buenos días —les suspiro.
—Buenos días, 117 —me sonríen.

Pi, pi, pi...

 Y ahora, a vomitar todas las palabras que aún no he dicho.

martes, 13 de noviembre de 2012

Yo me encargaré

13 de Noviembre, 2017; 14:55

 Alv decide subir hoy por las escaleras. Llega exhausto a la puerta de casa, por lo que ni se gira al escuchar la puerta del ascensor abrirse para averiguar de qué vecino se trata. Abre la puerta y una vez dentro del piso procura cerrarla empujándola con el pie. Para en seco su viaje a la cocina al no escuchar el habitual golpe a sus espaldas que le indica que está en casa y protegido: la puerta no se ha cerrado. Sabe que le ha empujado lo suficientemente fuerte, que algo ha tenido que interrumpir su trayectoria hacia el cierre asegurado. Tranquilamente se da la vuelta con la idea de encontrarse a su madre, sorprendiéndose al descubrir que lo que mantiene la puerta abierta no es más que una mano desconocida, dueña de una pulsera azul con una inscripción borrosa en ella, quizás debido al paso de los años.

—Buenas tardes. Disculpe la intrusión, traigo un paquete lleno de abrazos enviado urgentemente para el señor "Elfuturoeselfuturo" —escucha Alv tras la puerta, que le tapa el resto del cuerpo del cartero.
—No puede ser... —susurra casi para sí mismo.
—¿Se puede? —pregunta la voz desconocida, introduciendo en casa el brazo continuo a aquella mano intrusa.
—Claro... —contesta Alv confuso. Acto seguido Sankt ya tiene medio cuerpo dentro de la casa de su amigo.


13 de Noviembre, 2017; 23:10

 Sankt se acomoda en la que hace cinco años descubrió que era la almohada más confortable en la que jamás soñaría: las piernas de Alv. Él está sentado y observa desde arriba cómo su amigo se adapta a sus piernas, quizás como nunca antes lo había hecho nadie. Sankt se da cuenta y le mira con los ojos brillosos, brillosísimos, y le sonríe mucho, muchísimo. Alv le responde entrelazando las manos bajo su cuello, abrazándole casi con una caricia. Ambos, desde la azotea del edificio, miran a las estrellas: Alv con la vista en el cielo; Sankt con la vista en la mirada de su amigo, su firmamento.

—¿Dudabas de que me encargaría? —le pregunta a Alv.
—¿Qué?
—Ya sabes, aquel día que te aseguré que me encargaría de que lo mejor estuviese por venir... No me creíste capaz, sin embargo aquí estamos. Esto cuenta como futuro, ¿no? Esto cuenta como "mejor" que estar separados, ¿no?
—Siempre pensé que te creías capaz —contesta serio Alv.
—He sido capaz, ¿no? Esto es felicidad tanto para mí como para ti, ¿no?
—Tranquilo, cielo. Sólo teníamos 17 años...
—Ya lo sé. Me dijiste "el futuro es el futuro" y yo te prometí hacer del nuestro algo mejor que lo que para nosotros era entonces el presente. Desde aquel día, y cada día más, no he orientado mi vida y mi futuro más que a alcanzar este momento —responde Sankt alterado, casi a punto de llorar.
—Nunca he dejado de quererte —confiesa Alv.
—Déjame quedarme contigo para siempre —le ruega Sankt tras un instante de silencio que se le antoja eterno.
 Alv no responde, se limita a sonreír.
—¡Déjame quedarme contigo para siempre! —le repite Sankt con los ojos ya inundados de lágrimas.
 Su amigo le acaricia y forzosamente vuelve a sonreír. Sankt pierde todas las formas que hasta el momento se había preocupado de mantener.
—Dios, te juro que como vuelvas a sonreír te beso. ¡Vuelve a sonreír así y te besaré! —le amenaza histérico.
 Alv no sonríe esta vez, ni dice nada. Acerca su cara a la de Sankt tan despacio que éste no sabe si su amigo realmente se está acercando o está perdiendo la cabeza del todo.

 Ahora se encuentran cara a cara, casi tocándose, pero viéndose al revés: con la barbilla de uno en la frente del otro, pueden verse perfectamente los labios. Se quedan parados como el tiempo para explorar cada detalle de la circunstancia que les rodea: el silencio cercano, el ruido Madrid de fondo (muy de fondo), las estrellas expectantes sobre ellos, sus corazones queriendo escapar de sus propios cuerpos para encontrarse en un beso que ambos encuentran imposible, la perfección de cada milímetro que compone sus bocas, la perplejidad, el regreso de la inexperiencia de los 17 años... De repente todo se acelera, y entonces sus narices se dan el beso de esquimal más dulce, intenso y suave de la historia. Cuando sus rostros se separan nadie dice nada. Pasan varios minutos y sigue reinando el silencio. Parece que las luciérnagas atrapadas en el cielo les hubiesen robado desde todas las palabras hasta la más mínima capacidad de reacción. Sankt tirita, no sabe si de frío o de amor. Alv le tapa con una manta. Mira a su reloj y entonces despierta a su amigo, el cual cree ya dormido.

23:23

Make a wish —le susurra Alv al oído.
—Que la próxima vez no sea un sueño... —desea Sankt adormilado divagando entre la vigilia y la realidad.
—Esto no es un sueño, cielo; es el futuro —asegura el Alv del 13 de Noviembre de 2017, aún inexistente.


13 de Noviembre, 2012; 23:10

  Me encargaré de que el futuro, además de ser el futuro —como tu dices— sea nuestro futuro. Te prometo que lo intentaré. No, espera.... Te prometo que lo conseguiré.

 Te quiero.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Vuelve

 Me sueltas las palabras ya con cuentagotas, más que molestarte parece que te duela hablarme. Siento que te voy perdiendo como he perdido a tus palabras... Pero, ¿sabes? Estoy acostumbrado a perder amigos — demasiado, quizás—, y tú no eres más que eso, ¿no? Un amigo, puede que el mejor o el único, pero un amigo al fin y al cabo. Así que no te preocupes, ya conozco el tipo de dolor que ocasiona perder a la persona más importante de tu vida.

 Me quedo con Abril. Y con Mayo. Y con Junio y Julio y Agosto... Con el que quieras o no fue nuestro verano. Me quedo con él, con todo lo que me hiciste sentir, con toda la felicidad que me inyectabas en generosas dosis cada día, esa que hoy parece que te dé pereza darme.

 Ya no queda casi nada del chico al que conocí, aquél que me regalaba sonrisas sin que pareciera importarle. Pero sigo esperándolo, aguantando la ausencia de tus ganas de hablar conmigo, confiando en que algún día volverán.

 Aunque ya no seas el de antes, te sigo queriendo, porque la esperanza de que vuelvas es más fuerte que el dolor de tus escasas, tajantes y desgarradoras palabras cayendo aquí, en el pecho. Mientras tanto hablo con un desconocido, alguien a quién parece que le duela decir "te quiero" y que me demuestra que cada día me soporta un poquito menos.

 Prefiero agobiar, molestar, cansarte, a sentir que te he abandonado. Me da igual si mis palabras no te sirven para nada, porque a mí me sirven para todo. Y si sigo así sé que llegarás a odiarme, pero prefiero que me odies a que te olvides de mí. Porque del amor al odio hay un paso, el mismo que del odio al amor; sin embargo del olvido al amor no hay camino, al igual que no lo hay del amor al olvido.

 Te quiero aunque odie cómo me hablas, porque no somos lo que hablamos, sino lo que sentimos. Y quiero creer que tú me quieres, aunque cada día lo tenga un poco menos claro.

 Un saludo, amigo.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Game Over

 Me he encerrado tanto en casa para no gastar dinero que ahora la luz del sol me hace daño cuando salgo. Así que esta noche saldré con la Luna de fiesta, me gastaré todos los ahorros que eran para ti en tabaco y alcohol, volveré a buscar a la muerte de la forma menos dolorosa posible.

 Enhorabuena, lo has conseguido: ya no quiero seguir luchando por ti. Se acabó, se acabó. No más amarte, no más odiarte. Recuperaré mi puta antigua vida y volveré a vivirla yo solito, como acostumbraba a hacer. Antes al menos el fracaso dependía sólo de mí, pero no puedo cargar con mi fracaso frente a mí y mi fracaso frente a ti, no puedo. 

 Se acabó eso de intentar hacerlo bien, a partir de ahora lo haré todo a mí manera, porque de ambas formas me salen las cosas mal, pero de una al menos me siento yo mismo. Eso es lo que necesito, un poco más de "yo". Necesito existir, lo necesito, y últimamente me haces sentir que no soy nada... Y sí soy algo, joder, ¡claro que soy algo! Soy la maldita persona que más te ama en este mundo, lo quieras ver, o no.

 Te he amado porque el deseo de tenerte era más fuerte que cualquier otro tipo de felicidad, pero amar no sirve de nada si se ignora. Así que me rindo, me declaro oficialmente perdedor de tu corazón, de ti. A la mierda mi felicidad, porque ella se resumía en encontrar la forma de que me amases algún día. Problema resuelto: no hay manera, no hay felicidad posible para mí. Adiós búsqueda de la felicidad; hola búsqueda del placer. 

 Enhorabuena, lo has conseguido: ya no quiero seguir luchando por ti. Se acabó, se acabó. No más amarte, no más odiarte. Esta noche saldré con la Luna de fiesta, me gastaré todos los ahorros que eran para ti en tabaco y alcohol, volveré a buscar a la muerte de la forma menos dolorosa posible.



No sé exactamente si eran mariposas, pero estaban ahí sin que yo las llamara; cada vez que te acercabas, ¡revoloteaban!. Eran tuyas pero estaban en mi estómago...

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.
"Mariposas en el estómago", vaya metáfora de mierda. Más bien parecen abejas asesinas.

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