jueves, 6 de febrero de 2014

Prepárate

Me gusta. Me encanta.
Más que gustarme o encantarme se ha convertido en mi pasatiempo favorito: perder juntos en la estación el tiempo y los trenes que tarde o temprano siempre acaban por separarnos.

Acaricias suavemente con tus dedos las cicatrices de mis manos y con tus palabras las de mi corazón. Me siento completamente desnudo frente a ti; y me gusta. Tus ojos miran fijamente a los míos y tu perfección a mis inseguridades; y no quiero apartar la mirada. Tu boca toca la mía y tu sonrisa a la puerta de mi felicidad; y os dejo entrar. Tu cuerpo roza mi cuerpo y los momentos a tu lado la gloria; y entonces me doy cuenta: aquí, ahora, justo en este momento y este lugar (a tu lado) es donde siempre he querido y querré estar.

Prepárate, porque no pienso dejarte escapar;
y de momento los trenes no han conseguido alejarte de mis pensamientos.

Te quiero.

domingo, 2 de febrero de 2014

Indescripción

Fíjate.

A ti al menos te quedan palabras con las que expresarlo.
Y a mí no me alcanzan desde hace ya tiempo.

Mírame.

Sentado frente a un folio en blanco, boli en mano y tú en mente.
Sin hallar el modo de decirte. ¿El qué? Si ni lo sé.

Escúchame.

Aunque no diga nada, aunque sólo se oiga mi respiración entrecortada.
El silencio es lo que encuentro cuando busco cómo describirlo.
Sin palabras. Como tú me dejas.

Tócame.

Que recuerde que eres real. ¿Eres real? Me da igual.
Sé que sí lo es lo que siento.

Bésame.

Quítame esta rabia que me supone tener la boca libre
y no estar utilizándola para decirte
cuánto te quiero, cuánto te necesito,
cuánto te echo de menos...
Que los sentimientos brillen por su indescripción
y nuestros labios caigan por su propio beso.

martes, 28 de enero de 2014

A mi felicidad favorita

Me desabrocho la camisa como nunca antes me la había desabrochado: deseando que fuera tu cuerpo el que desnudo o tus manos las que me estuvieran desnudando a mí. Me quito los pantalones como nunca antes me los había quitado: sintiendo un escalofrío que me recuerda a lo que siento cada vez que pienso en que puedo perderte. Me meto en la cama como nunca antes me había metido: esperando encontrarme entre las sábanas tu piel desnuda y tus calcetines de colores. Y una vez dentro me pongo a llorar como nunca antes había llorado: de felicidad.

Porque sí. Porque tú. Porque nosotros.

Hasta hace poco no sabía lo que era tener los ojos vidriosos, ni mariposas en el estómago, ni alguien que solucionara con dos palabras mis días catastróficos. Tampoco sabía que media hora en tren podría significarme una eternidad al saber que al llegar a la estación estarás tú esperando, o un instante si es a tu lado.

Jamás pensé que me importaría tan poco que alguien poseyera el monopolio de mi felicidad. Ni que tus palabras desembocarían en mis lágrimas de alegría y los momentos junto a ti en perfección hecha realidad.

Hasta ahora pensaba que los príncipes azules no existían y que el amor perfecto sólo se encontraba en los libros, pero en ti no puedo ver más que azul y azul por todas partes; y no sé si es amor pero sé que leería nuestra historia una y otra vez y que deseo que nunca acabe.

Gracias por descubrirme una vida en la que mis principales propósitos son pasar la mayor parte del tiempo contigo y hacerte la persona más feliz del mundo; una vida en la que tus abrazos me protegen de las bombas de la realidad y tus besos consienten mis ganas de volar; en la que tu corazón latiendo a toda prisa junto al mío es lo único que necesito para saber que todo va bien y en la que 8 letras bien ordenadas y dichas sinceramente por ti son la respuesta a lo que hasta ahora eran todos mis porqués sin resolver.

Ya muchos habían conseguido que creyera que les quería pero tú me has convencido. Y nunca antes alguien me había hecho creer que valgo algo, que tengo cosas buenas y que puedo sentirme guapo. Ése es el mejor regalo que nunca me han hecho. Y aún no te diré qué siento, pero te adelanto que ya no te quiero; que nos quiero; y que me quiero cuando estoy contigo.

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lunes, 27 de enero de 2014

Algo parecido a un gato

—Nos vemos mañana.
—Sí, si no me muero antes.
—No te mueras, porfa.
—Lo intentaré. ¿Te he contado ya cuántas veces me he muerto?
—No, ¿eres un gato?
—Algo parecido.
—Ya me contarás.
—Tenemos tiempo.
—Sí.
—Pero sólo si quieres.
—Claro que quiero.
—¿Seguro? No es una historia alegre, ni siquiera bonita.
—No me importa.
—Entonces no te importo yo.
—¿Por qué dices eso?
—Porque yo soy esa historia.

viernes, 24 de enero de 2014

Macedonia

Que mi corazón,
verde esperanza,
te es pera a ti:
que como las manzanas,
sonrojas;
que como las fresas,
besas rosa;
y que como las uvas,
pasas y no regresas.

Que a zumo la pulpa de haberte bebido.
Y no sé con cereza
si melón perdonarás.

Llámame loco, tonto, mate, quiero.
Pero si volvieras, quizás,
sandía la Luna
y nos contaría
qué ácido del naranja de nuestros atardeceres.

Y si lloviera, haríamos piña
con nuestros cuerpos
para mantener nuestros frutos secos.
Y que si yo viera el tuyo,
coco, como un niño tartamudearía.

Que vuelvas ya, primavera,
quitando el aire
y la sed.
Que la plata no sirve de nada
cuando se tiene hambre de mujer.

No sé exactamente si eran mariposas, pero estaban ahí sin que yo las llamara; cada vez que te acercabas, ¡revoloteaban!. Eran tuyas pero estaban en mi estómago...

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.
"Mariposas en el estómago", vaya metáfora de mierda. Más bien parecen abejas asesinas.

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