Y no quiero que suene a típico, quiero que suene a realista.
Porque la vida es como es y cuanto antes lo aceptemos menos sufriremos.
Cada persona que nos permitimos querer no es más que otra futura pérdida.
Pero, ¿y qué? Merece la pena.
Sé que va a acabar pronto, pero me he propuesto no ser yo quien lo acabe;
querer a quien me quiera, aunque sea sólo durante un tiempo.
Porque creo que se lo merecen, y que me lo merezco;
que ya me han hecho suficiente daño.
Así que un día ya él me dejará, se cansará de mí,
como todo el mundo se cansa de todo el mundo en algún momento.
Pero ahora voy a disfrutar.
miércoles, 15 de enero de 2014
domingo, 12 de enero de 2014
Y de repente me doy cuenta
Dejé mis labios quietos encima de los suyos. Él abrió la boca y cerró los ojos. Le imité y respiré su aliento. Y así nos quedamos dormidos.
Desperté en mitad de la noche con su respiración en mi nuca y le encontré abrazándome por la espalda. Creo que nunca había estado tan cómodo, pero tampoco nunca había necesitado tanto mirarle. Me di la vuelta tratando de no despertarle y le vi durmiendo plácidamente. Sus rizos se encargaban de impregnar la almohada del olor que esta noche respiro recordándole y toda su cara descansaba. Empecé a acariciarle, por todo el cuerpo. Le desperté. Desde entonces no le dejé dormir en toda la noche, pero él tampoco a mí teniendo su cuerpo desnudo junto al mío. Notaba su vello erizándose al contacto con mi piel y sus sonrisas cuando abría los ojos y veía que no paraba de observarle. Me grabé en mis ojos cada detalle de sus movimientos; en mis manos cada parte de su cuerpo; en mi nariz su olor perfecto y en mis labios sus besos, para echarle mejor de menos.
Y ahora que ha llegado el momento, que no está y quiero echarle de menos, me doy cuenta de que ni el recuerdo de su voz, ni el de su piel, ni el de sus gestos son necesarios; que basta con saber que existe y que cada momento sin él estoy perdiendo segundos de vida a su lado.
Entonces pienso en el amanecer que siguió a aquella noche en la que me dediqué a desvelarle, en los mejores buenos días que he tenido en mi vida. Me pregunto si para él también fue importante, o si fui yo el único que se dejó media alma en la cama aquella mañana perfecta. Y de repente me doy cuenta de que le quiero; de que le quiero y quiero: de que quiero quererle; y sobre todo, que me quiera.
11/01/2014
Desperté en mitad de la noche con su respiración en mi nuca y le encontré abrazándome por la espalda. Creo que nunca había estado tan cómodo, pero tampoco nunca había necesitado tanto mirarle. Me di la vuelta tratando de no despertarle y le vi durmiendo plácidamente. Sus rizos se encargaban de impregnar la almohada del olor que esta noche respiro recordándole y toda su cara descansaba. Empecé a acariciarle, por todo el cuerpo. Le desperté. Desde entonces no le dejé dormir en toda la noche, pero él tampoco a mí teniendo su cuerpo desnudo junto al mío. Notaba su vello erizándose al contacto con mi piel y sus sonrisas cuando abría los ojos y veía que no paraba de observarle. Me grabé en mis ojos cada detalle de sus movimientos; en mis manos cada parte de su cuerpo; en mi nariz su olor perfecto y en mis labios sus besos, para echarle mejor de menos.
Y ahora que ha llegado el momento, que no está y quiero echarle de menos, me doy cuenta de que ni el recuerdo de su voz, ni el de su piel, ni el de sus gestos son necesarios; que basta con saber que existe y que cada momento sin él estoy perdiendo segundos de vida a su lado.
Entonces pienso en el amanecer que siguió a aquella noche en la que me dediqué a desvelarle, en los mejores buenos días que he tenido en mi vida. Me pregunto si para él también fue importante, o si fui yo el único que se dejó media alma en la cama aquella mañana perfecta. Y de repente me doy cuenta de que le quiero; de que le quiero y quiero: de que quiero quererle; y sobre todo, que me quiera.
11/01/2014
sábado, 11 de enero de 2014
viernes, 10 de enero de 2014
A Ligia García y García
Si me concede usted un tiempo
y me lee con paciencia,
descubrirá en un momento
una increíble y nueva ciencia.
¿Cómo explicarle, desconocida
que hasta ahora no existía,
que me ha hecho crear al leerle
un extraña teoría?
No compartimos nada:
ni edad, ni días,
ni noches, ni mañanas;
pero de un modo u otro
estamos conectados:
por palabras.
No sabe nada de mí:
ni mi nombre, ni mi vida,
mas un día sin querer
escribió lo que yo sentía.
Así que atención, señora,
porque sabido lo dicho,
expongo mi loca creencia
sin esperar que me crea:
Quizás nació para ser
traductora de mis tristezas
(y también de mis alegrías),
o quizá yo nací
para ser sin que lo supiera
protagonista de su poesía.
y me lee con paciencia,
descubrirá en un momento
una increíble y nueva ciencia.
¿Cómo explicarle, desconocida
que hasta ahora no existía,
que me ha hecho crear al leerle
un extraña teoría?
No compartimos nada:
ni edad, ni días,
ni noches, ni mañanas;
pero de un modo u otro
estamos conectados:
por palabras.
No sabe nada de mí:
ni mi nombre, ni mi vida,
mas un día sin querer
escribió lo que yo sentía.
Así que atención, señora,
porque sabido lo dicho,
expongo mi loca creencia
sin esperar que me crea:
Quizás nació para ser
traductora de mis tristezas
(y también de mis alegrías),
o quizá yo nací
para ser sin que lo supiera
protagonista de su poesía.
domingo, 5 de enero de 2014
Quiero quedarme
No quiero volver.
No quiero volver a verle;
ni a él ni a nada que signifique que él está cerca.
Quiero estar aquí, en casa, pelearme con mis padres todos los días
y reírme con mi hermano
(y también odiarle de vez en cuando).
Quiero que aquí nadie me quiera, estar solo
y que mi mayor momento de felicidad sea leer un libro
y cuando duermo.
No quiero volver adonde todo lo que me pasa es mi culpa
y soy libre de cagarla
y nadie me dice qué hago bien y qué hago mal.
Quiero quedarme aquí, donde no soy libre
y mis errores tienen límites y castigos.
No quiero libertad.
No quiero un sitio que me recuerda cada día
que no sé ser yo mismo.
Quiero un sitio que me haga pensar
que la culpa de que no sea yo mismo
es de todos menos mía.
Quiero quedarme.
No quiero volver a verle;
ni a él ni a nada que signifique que él está cerca.
Quiero estar aquí, en casa, pelearme con mis padres todos los días
y reírme con mi hermano
(y también odiarle de vez en cuando).
Quiero que aquí nadie me quiera, estar solo
y que mi mayor momento de felicidad sea leer un libro
y cuando duermo.
No quiero volver adonde todo lo que me pasa es mi culpa
y soy libre de cagarla
y nadie me dice qué hago bien y qué hago mal.
Quiero quedarme aquí, donde no soy libre
y mis errores tienen límites y castigos.
No quiero libertad.
No quiero un sitio que me recuerda cada día
que no sé ser yo mismo.
Quiero un sitio que me haga pensar
que la culpa de que no sea yo mismo
es de todos menos mía.
Quiero quedarme.
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No sé exactamente si eran mariposas, pero estaban ahí sin que yo las llamara; cada vez que te acercabas, ¡revoloteaban!. Eran tuyas pero estaban en mi estómago...
—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.
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No sé cuántos años después sigo sin saber si era verdad o cuento; mi amor o tu entretenimiento; invento mío o sueño nuestro....
A partir de hoy...
- Ligia García y García

