domingo, 5 de enero de 2014

Quiero quedarme

No quiero volver.

No quiero volver a verle;
ni a él ni a nada que signifique que él está cerca.

Quiero estar aquí, en casa, pelearme con mis padres todos los días
y reírme con mi hermano
(y también odiarle de vez en cuando).

Quiero que aquí nadie me quiera, estar solo
y que mi mayor momento de felicidad sea leer un libro
y cuando duermo.

No quiero volver adonde todo lo que me pasa es mi culpa
y soy libre de cagarla
y nadie me dice qué hago bien y qué hago mal.

Quiero quedarme aquí, donde no soy libre
y mis errores tienen límites y castigos.

No quiero libertad.

No quiero un sitio que me recuerda cada día
que no sé ser yo mismo.

Quiero un sitio que me haga pensar
que la culpa de que no sea yo mismo
es de todos menos mía.

Quiero quedarme.

martes, 31 de diciembre de 2013

31/12/2013

Han sido:

3 meses,
1 secreto.

1 no lo sabe,
2 fingen que no ha pasado.

2 personas que se quieren,
0 saben quiénes. Han sido y son
1 amor y
3 amantes.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Siete del Nueve del Diecinueve

 Me meto las manos en los bolsillos, no quiero que los invitados vean cómo al organizador de todo esto le tiemblan así. Cierro los ojos y me concentro en el ruido de las olas golpeando la orilla con un rugido que degrada en un “shhh…”, mandando a callar a todos aquellos que murmuran dudando de su llegada. A escasos metros se encuentra él, golpeando nervioso la plataforma que salvaguarda nuestros trajes de la arena con la punta del pie. Sé que ella ya está aquí porque dejo de oír el punteo de esos zapatos que yo mismo escogí. Abro los ojos. Le miro y veo cómo se humedece los labios con la punta de la lengua, muestra su sonrisa nerviosa de dientes imperfectos  y se despeina el tupé rubio (para bien). Me mira y se pone recto, intentando no sonreír mientras la distancia entre sus cuerpos se va acortando, pero el amor le tira de las comisuras de los labios como a una marioneta. La miro. La vuelvo a mirar. Ha bajado un momento la cabeza para no tropezar con el escalón que la elevará a una nueva etapa de su vida, y cuando la sube el nudo de nervios que se me había formado en el estómago pasa a la garganta para más tarde hacerme llorar. Lo ha conseguido, porque no soy el único que está llorando; ha conseguido lo que quería. Por un momento dudo si es ella de verdad o se trata de un ángel que levita en nuestra dirección, así que miro a sus pies y encuentro unos zapatos color azul metálico a juego con la corbata de su príncipe, asomando tímidos bajo el final del vestido blanco más perfecto que he visto nunca. “Maldita Cenicienta”, pienso, y me doy cuenta de que estoy sonriendo descaradamente.

El campo de cabezas giradas que se extiende ante mí se va transformando en caras de emoción según ella va avanzando a través de aquella alfombra del rojo de sus labios: pasión. El resto es cosa suya. Las olas se callan para escuchar sus “sí quiero” sinceros y el viento sopla suave hasta que consigue arrancarle el velo. Ella grita riendo. Yo lo cojo al vuelo. Él la sorprende callándola con un beso. La gente aplaude y una señora de la primera fila con un tocado perfecto se levanta y exclama entre lágrimas de emoción “¡Se me ha casado la niña!”.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Te delatas

Lo siento,
pero ya no,
ya no me creo que no me quieras.
Te delata tu insomnio,
te delatan tus ojeras.

Ya no me creo que no me quieras.
Te delatan tus palabras,
cuando dices "¿cuándo vuelves?"
(en lugar de "buen viaje")
cada vez que cojo el tren de vuelta a casa.

Cuando dices "¿cuándo vuelves?"
y suenas como un niño.
Te delata tu pecho,
te delatan tus latidos
(que se aceleran cada vez que estoy contigo).

Te delata tu pecho
que golpea los abrazos
que nos damos callados
(al anochecer o al alba),
para que el Sol nos vea de lejos.

¿Qué nos damos callados?
Nos damos besos mudos,
nos regalamos miradas
(que hablan sin que digamos nada)
y caricias en la espalda.

Nos regalamos miradas
que más que delatarte te dilatan;
te dilatan tus pupilas,
más que tuyas mías
(por un momento).

Te dilatan tus pupilas,
escondidas en tus párpados cansados.
Lo siento,
sé que no te dejo dormir desde hace tiempo
(de tus sueños a tus pensamientos).

Lo siento,
pero ya no,
ya no me creo que no me quieras.
Te delata tu insomnio,
te delatan tus ojeras.

Ya no me creo que no me quieras.
Te delatan tus labios,
que tiemblan cuando dicen mi nombre.
Lo siento,
pero ya no.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Concerto di gatti

—¿Me echarás de menos?
—Sí
—¿Y podré llamarte?
—Sí.
—¿Me darás los buenos días cada día?
—Sí.
—¿Y me darás las buenas noches cada noche?
—Sí.
—¿Me dejarás decirte que te quiero?
—Sí.
—¿Y me dirás que me quieres?
—Sí.
—¿Me quieres?
—Sí.
—¿Y te casarás conmigo?
—Sí.
—¿Tendremos hijos?
—Sí.
—¿Y realizaremos juntos nuestros proyectos de futuro?
—Sí.
—¿Moriremos juntos?
—Sí.
—¿Y me amarás aún después de morir?
—Sí.

 Y con la luz apagada, los ojos cerrados y la grabadora en la mano, intentó quedarse dormida imaginando que aquellos síes no eran una grabación de voz reproducida una y otra vez y que aquella conversación con él era real. Pero entonces rebobinó más atrás de aquel "sí" convincente, y escuchó la verdadera pregunta, que ella misma le había hecho, a la que él contestaba con tanto entusiasmo:

—¿Quieres pasar con ella el resto de tu vida?

Y los gatos de su calle maullaron al compás de los sollozos de cada noche.

No sé exactamente si eran mariposas, pero estaban ahí sin que yo las llamara; cada vez que te acercabas, ¡revoloteaban!. Eran tuyas pero estaban en mi estómago...

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.
"Mariposas en el estómago", vaya metáfora de mierda. Más bien parecen abejas asesinas.

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