lunes, 21 de octubre de 2013

El día que la descubrí

La vi brillar entre la nube gris de gente.
Ella iba de negro y los demás vestían colores.
Todos hablaban y sonreían
y ella estaba callada y triste.
Pero era ella la que brillaba
y eran ellos los grises.

No sé si fue el flash de su cámara,
con la que cazaba las obras de arte,
salvajes, que rondaban su día a día;
o una idea apareciendo en su cabeza
con forma de bombilla encendida.
Pero la vi brillar entre la nube gris de gente.

Con sus labios de sangre,
sus ojos de césped
y su piel de nieve,
quería esconderse.
Pero su espalda de alas plegadas
anunciaba lo inminente.

Me atraía,
me dejaba perplejo.
Me llamaba,
me pedía explicaciones.
Pero, ¿cómo le cuentas a un ángel
que le has descubierto?

sábado, 19 de octubre de 2013

Lo que digo (y lo que siento)

Hola (te echaba demasiado de menos como para aguantar un día más sin escribirte). 

 Cuánto tiempo (no me puedo creer que hayas soportado todos estos meses sin hablarnos). ¿Cómo estás? (¿te hace feliz la gente con la que me sustituíste?). Últimamente no sé nada de ti (ya no formo parte de tu vida). Pensaba que al mudarme a Madrid quedaríamos más a menudo (quise echarle la culpa de no haberte enamorado a la distancia). A ver si nos vemos un día (ojalá no me cruce contigo porque no podré disimular que aún te amo) y nos tomamos algo por ahí (sigo sediento de tus besos y hambriento de tus abrazos). 

 Espero tu respuesta (siento no asumir que estás harto de mí).
Un saludo (intentaré que ésta sea la última carta que te moleste).

jueves, 17 de octubre de 2013

¡Muchas gracias, muchas gracias!

Hoy de camino a casa me he encontrado a una anciana que iba a tirar la basura. Le he propuesto tirársela yo y me lo ha agradecido varias veces. Pensaba que sus palabras y su sonrisa me iban a abastecer lo suficiente de una sensación de altruismo; sin embargo ahora sólo deseo encontrármela cada día.

lunes, 14 de octubre de 2013

Mi estación del año favorita: tú

No valoro el verano hasta que no llega el otoño.
No valoro el otoño hasta que no llega el invierno.
No valoro el invierno hasta que no llega la primavera
No valoro la primavera hasta que no llega el verano.
Y así con todas las personas
que van y vienen en mi vida
como las cuatro estaciones del año.

Pero a ti te valoré
desde tu solsticio hasta tu equinoccio,
desde tu boca hasta tus ojos.

Quise vivir eternamente en tu clima cálido:
en los ciclones de tu pelo, 
las precipitaciones de tu mirada,
la temperatura de tu cuerpo,
la humedad de tus labios
y la presión de tus abrazos.

Amé desde el primer instante
abrigarme contra el frío de tus palabras,
desnudarme frente al calor de tu pecho,
el amanecer de tu cara en mi almohada;
la lluvia de caricias,
el viento de tu aliento en mi cara,
la escarcha de nuestro sudor congelada cada mañana
y el salitre de tu piel cubriendo mi cama.

A ti te valoré
desde tu equinoccio hasta tu solsticio,
desde tu sexo hasta tus vicios.
 
A ti te quise para siempre,
para que no acabaras nunca.
Pero supongo que no eres más que como otra estación del año:
siempre acabas pero siempre vuelves.

viernes, 11 de octubre de 2013

Placer prohibido

La farola que ilumina tenue la habitación nos observa desde fuera como yo observo tu cuerpo desnudo tumbado en mi cama: sin parpadear.

Me pregunto si mis manos lograrán separarse de tu pecho.

Sentado sobre tu abdomen intento recordar cómo hemos llegado hasta aquí: el cielo; pero tus caricias en mi espalda me distraen consiguiendo que no me dé cuenta de que te has incorporado y me estás besando.

Acaricio tu barba y me despego de tu boca para deslizarme hacia abajo por tu cuerpo.

Me gusta escuchar el placer en tu respiración cuando te toco, y tus ojos cerrados me exculpan de este error que ha sido encontrarte ahora que no sé amar.

El silencio de la noche nos regala la banda sonora del sexo: nuestros gemidos; y las sábanas nos ocultan de las miradas de las cuatro paredes que esconden este placer prohibido.

No sé exactamente si eran mariposas, pero estaban ahí sin que yo las llamara; cada vez que te acercabas, ¡revoloteaban!. Eran tuyas pero estaban en mi estómago...

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.
"Mariposas en el estómago", vaya metáfora de mierda. Más bien parecen abejas asesinas.

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- Ligia García y García