jueves, 27 de septiembre de 2012

A vosotros, queridos amantes

No dejéis de intentar alcanzar
la fusión de vuestros cuerpos.
No os rindáis, amantes,
almas nacidas para morir siendo una.
Exprimir todo vuestro amor,
disfrutadlo cada segundo de su existencia.
Que la distancia no sea más
que otra excusa para seguir luchando.
Sufrid, malditos, pues el mayor regalo de la vida
también tiene su precio.
Besad y haced el amor
por todos los que nunca seremos correspondidos.
Pensad, milmillonésimas, que habéis encontrado
vuestra milmillonésima parte de humanidad,
la detonante de vuestra felicidad,
¿acaso no es algo increíble? Vividlo.
Disfrutad siendo lo que sois,
sin perder el tiempo en pensar
en lo que podríais ser.
Abrazad a lo que tenéis,
sin dejar de sonreír porque sea poco
o pudiera ser más, y no lo soltéis.
Lo mejor que os ha pasado
es amaros uno al otro,
y no importa, creedme, nada más.
La familia, los kilómetros que separen vuestros corazones,
lo que os tengáis que perder por estar juntos...
Nada de eso importa
si al final del camino está el otro:
ese casi nada para el resto del mundo,
y el mundo entero para vosotros.
Sed justos, aprovechad esta oportunidad,
agarradla con fuerza y no la dejéis escapar,
porque puede que no vuelva...

Me dirijo a vosotros, queridos amantes,
para deciros que vuestro amor
es lo que mueve este mundo,
y que no quiero que pare;
que seáis conscientes de que tenéis en vuestras manos
los ingredientes de la felicidad,
que la receta sólo consiste en amar
a gusto del consumidor,
y que tengo hambre;
que lo mejor que te puede pasar,
es amar y ser amado;
y que no sabéis lo que me gustaría
formar junto a vosotros, acompañado,
parte de esa máquina que mantiene todo en movimiento,
de ese pastel perfecto,
de ese sentimiento: único y recíproco.


domingo, 23 de septiembre de 2012

Otra vez

Yo también creía que olvidarte era la salida. Pero no, te juro que no. Te juro que estoy más perdido que nunca, que necesito tus palabras... Me da igual el destino. Me da igual mi felicidad, lo que me pueda perder en la vida por quererte así. Nunca antes había tenido nada claro, y hasta ahora no había tomado una decisión estando al cien por cien seguro de que era lo que quería para mí. Ahora tengo no claro, sino clarísimo, que eres el amor de mi vida. Y mi decisión es amarte y esperarte, aún sabiendo que nunca llegarás, todos los días de mi "vida".

Hey, te quiero mucho.

domingo, 26 de agosto de 2012

Guapo

Despierto y miro al otro lado de mi cama: el lado vacío que deberías haber ocupado tú cada mañana desde el momento en el que te conocí y que deberías ocupar durante el resto de mi vida. No estás ahí, como de costumbre. Entonces decido cambiar las lágrimas que suelen intentar llenar el vacío que tú dejas por una sonrisa imprevista mientras cierro los ojos tratando de materializarte junto a mí. Empiezo por tu pelo:

 Ese pelo no es normal. Incluso antes de saber tu nombre ya me parecía algo mágico. Al igual que yo de ti, mis dedos se han enamorado de él; al igual que yo a ti, desean abrazarlo cada segundo que son conscientes de su existencia; y como yo por ti, se mueren por perderse en él y no encontrar la salida. Ahora puedo ver tu pelo, sin poder evitar la tristeza de que sólo sea una ilusión.

 Tus ojos. ¿Qué voy a hacer con tus ojos? Mirarlos mientras me miran me paraliza y empuja al borde del infarto. Sin embargo no quiero liberarme de ellos; y como querer es poder, no puedo liberarme de ellos. Atrapan a los míos sin escapatoria. Más que atraparlos, los pasean felizmente por tu mirada, que desconfiada, acecha constantemente a la mía, por si algún día (ilusa) se me olvidara cuánto te amo. Las mariposas que ahora revolotean casi más fuerte que nunca en mi estómago me hacen darme cuenta de que bajo tu pelo, puedo ver tus ojos. Te siento tan real que me estremezco, y por un momento tengo miedo, no sé si a mi locura, o de perderte.

 Tu nariz: pensarla y sonreír es inevitable. La de besos de esquimal que la mía le tiene guardados. Ojalá algún día pueda dárselos todos uno a uno, matando de envidia a mi boca.

 Hablando de bocas, ¿existe pasaporte a la gloria más perfecto e imposible que tus labios? Para mí mirarlos siempre ha sido como besarlos, al fin y al cabo, es lo más cerca que estaré de hacerlo. Y entonces, aparece detrás de ellos la mejor y más bonita de las sorpresas: tu sonrisa. Malditas palabras, no me alcanzan para describirla. Tendré que definirla con lo más parecido que encuentro a lo que siento cuando sonríes: felicidad.

Y ya está, ahí, mirándome como sólo tú sabes hacerlo, tu cara sobre la almohada. No quiero arriesgarme a morir de deseo proyectando tu cuerpo tumbado junto al mío, así que me limito a imaginar que está ahí y pensar en tu mano con tus dedos buscando la mía con los suyos. No puedo evitar sentir una fuerte presión en el pecho cuando ambas se unen entrelazándolos. La presión baja por mi cuerpo convirtiéndose en alivio, en protección. Es entonces cuando sonrío, qué dedos tan cortos. ¿Cómo unas manos tan pequeñas y adorables pueden sostener un corazón tan cargado de amor y espinas? Creo que mi corazón nunca había estado en mejores manos, así que agarro fuerte la tuya, necesito que no lo dejes caer jamás. Ahora puedo notar otro latiendo casi al ritmo que el mío y junto a él, entonces nos descubro abrazados. Soy feliz por primera vez después de mucho tiempo.

 Tras las lágrimas de rabia al pensar que sólo eres producto de mi imaginación, encuentro mis ojos reflejados en los tuyos, y un poco más abajo tu sonrisa. Mientras tu pelo llena mi almohada de tu falso aroma, mis labios se preparan para decir lo único que pueden decir en este momento: "guapo". Y con aquella verdad universal, se esfuma mi mentira favorita: tu presencia.


viernes, 24 de agosto de 2012

Café con sal

Sankt observa apoyado en el frigorífico la taza del café con sal que anoche le hizo vomitar todas aquellas pastillas. No se entiende. "Idiota, la próxima vez intenta hacerlo de manera que no haya vuelta atrás" se dice en voz alta. Vuelve a mirar la foto de Alv con el otro. Se les ve tan felices que llorar se le antoja egoísta. Por desgracia conoce a "el otro". Sabe que les saldrá bien, que estarán juntos por mucho tiempo. También sabe que aunque les salga mal nada cambiará. "Solo amigos" en su cabeza y esta vez sí lágrimas que gritan un "¡no puedo más!" desesperado y mudo.
 Sankt vuelve a la cama. Lleva más de una semana sin dormir y sabe que hoy tampoco lo hará, pero al menos descansará de todo ese dolor de cabeza que le persigue cuando está levantado. Está en la cama noche y día porque es lo más parecido que encuentra a estar muerto. Quiere estarlo y ya no le impresiona pensarlo, ni siquiera decirlo. ¿De qué le sirve la vida si no la vive con él? Ya nada ni nadie que no sea Alv le importa. "Estás enfermo" le dice su voz interior.
 Entonces, tumbado, reflexiona: "Si pudiera elegir, no elegiría que me amase, sólo no amarlo yo a él. Sé que el otro puede hacerle mucho más feliz. Doy gracias a la vida por haberlo puesto en su camino. Ahora que lo tiene a él, empiezo a sobrar. La verdad es que siempre he sobrado en el mundo de Alv, y en definitiva, en este mundo. Mi cobardía es un castigo que me obliga a quedarme encerrado aquí, en vida... Un momento, ¿acaso no gasté ayer todo el café que quedaba?" Sankt se levanta y se dirige a la cocina.

jueves, 16 de agosto de 2012

Buenos días

 Alv abre los ojos, y casi antes de poder ni siquiera darse cuenta de dónde está, escucha la voz de Sankt.
—Buenos días, grandullón.
 Están en su cuarto, en la cama. Él está tumbado sobre su amigo, que juega con su pelo, y de vez en cuando le acaricia la cara para comprobar si ésta se encuentra libre de lágrimas.
—¿Qué haces aquí, Sankt?
—Quería asegurarme de que ya que no dormías, no lo hicieras solo.
—¿Llevas toda la noche aquí, despierto conmigo?
—Por supuesto. Tu pelo causa adicción, ¿sabías? —contesta Sankt riendo.
—Pero...

 Alv está confuso, quizás le cueste tanto pensar por la falta de horas de sueño. Entonces lo recuerda: ayer le había contado qué le pasaba a su amigo. No había servido de mucho, en realidad sólo para hacer que Sankt se quedara despierto toda la noche con él.
—Si quieres me puedo ir ya, pero tú deberías descansar un poco. Todavía puedes dormir algo —le dice Sankt al notar que no se encuentra muy cómodo.
—No, si no... —responde Alv, sin acertar a decir nada coherente, sin ni siquiera ser capaz de pensarlo.
—Está bien —exclama Sankt con energía—, me avisas cuando despiertes, ¿vale? —. Y se levanta de la cama suavemente, dejando la cabeza de Alv sobre la almohada, que hasta ahora había sido él.
—Gracias.
—¿Qué? Anda, anda. No digas tonterías y hazme un favor: deja de pensar y trata de dormir, en serio.

 Sin darle tiempo para contestar, su amigo desaparece, entonces Alv como respuesta decide hacerle caso y cerrar los ojos para dormir, sin pensar. Cuando los abre se da cuenta de que sorprendentemente lo ha conseguido, ya que la luz que entra por la ventana como única iluminación ha cambiado bastante, al igual que el ambiente en la habitación. Se pregunta si no habrán pasado incluso días, y mira a su reloj de muñeca para averiguar la hora. Entonces la ve allí, ve a la pulsera: la pulsera que Sankt le había regalado por su cumpleaños. No es una pulsera bonita, en realidad, Alv hizo prometer a su amigo que no se gastaría dinero en el regalo; y éste le hizo caso: cogió un trozo de cinta de lazo y escribió en ella "ABRAZO". Cuando se la dio le pidió a Alv que se la atara a la muñeca y la mirara cada vez que necesitara uno, y cerrara los ojos para sentirlo, el abrazo, que él desde cualquier parte del mundo, se lo estaría dando. Alv se descubre sonriendo al recordarlo, y cierra los ojos para pedirle un abrazo a su amigo. Lo siente, siente el abrazo: cálido, completo, lleno de paz y sobre todo, lleno de todo el amor del mundo.

 Entonces se incorpora. Si hay algo que Alv odia hacer es huir de los problemas. Y aunque no le apetece para nada vivir de nuevo otro día, se levanta de la cama. Al darse cuenta de que Sankt ha acertado el lado de la cama por el que se ha despertado, Alv piensa que quizás no le espera un tan mal día, al fin y al cabo, y se dispone a leer la nota que su amigo le ha dejado allí, sobre la mesita.

 En la vida acostumbramos a perder grandes cosas y pensar que no encontraremos jamás otras más grandes o mejores. Yo no quiero ser algo más grande o mejor para ti, sólo quiero estar a tu lado en noches como ésta. Y eso, al fin y al cabo, es para mí lo mejor y lo más grande: estar a tu lado. Espero que hayas descansado, lo necesitabas. Te quiero, y si me dices que tú más, yo te digo que te quiero, te adoro, y te vuelvo a querer.



No sé exactamente si eran mariposas, pero estaban ahí sin que yo las llamara; cada vez que te acercabas, ¡revoloteaban!. Eran tuyas pero estaban en mi estómago...

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.

—¿Signo del zodiaco? —Acuario, pero con mariposas en lugar de peces.
"Mariposas en el estómago", vaya metáfora de mierda. Más bien parecen abejas asesinas.

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