Alv abre los ojos, y casi antes de poder ni siquiera darse cuenta de dónde está, escucha la voz de Sankt.
—Buenos días, grandullón.
Están en su cuarto, en la cama. Él está tumbado sobre su amigo, que juega con su pelo, y de vez en cuando le acaricia la cara para comprobar si ésta se encuentra libre de lágrimas.
—¿Qué haces aquí, Sankt?
—Quería asegurarme de que ya que no dormías, no lo hicieras solo.
—¿Llevas toda la noche aquí, despierto conmigo?
—Por supuesto. Tu pelo causa adicción, ¿sabías? —contesta Sankt riendo.
—Pero...
Alv está confuso, quizás le cueste tanto pensar por la falta de horas de sueño. Entonces lo recuerda: ayer le había contado qué le pasaba a su amigo. No había servido de mucho, en realidad sólo para hacer que Sankt se quedara despierto toda la noche con él.
—Si quieres me puedo ir ya, pero tú deberías descansar un poco. Todavía puedes dormir algo —le dice Sankt al notar que no se encuentra muy cómodo.
—No, si no... —responde Alv, sin acertar a decir nada coherente, sin ni siquiera ser capaz de pensarlo.
—Está bien —exclama Sankt con energía—, me avisas cuando despiertes, ¿vale? —. Y se levanta de la cama suavemente, dejando la cabeza de Alv sobre la almohada, que hasta ahora había sido él.
—Gracias.
—¿Qué? Anda, anda. No digas tonterías y hazme un favor: deja de pensar y trata de dormir, en serio.
Sin darle tiempo para contestar, su amigo desaparece, entonces Alv como respuesta decide hacerle caso y cerrar los ojos para dormir, sin pensar. Cuando los abre se da cuenta de que sorprendentemente lo ha conseguido, ya que la luz que entra por la ventana como única iluminación ha cambiado bastante, al igual que el ambiente en la habitación. Se pregunta si no habrán pasado incluso días, y mira a su reloj de muñeca para averiguar la hora. Entonces la ve allí, ve a la pulsera: la pulsera que Sankt le había regalado por su cumpleaños. No es una pulsera bonita, en realidad, Alv hizo prometer a su amigo que no se gastaría dinero en el regalo; y éste le hizo caso: cogió un trozo de cinta de lazo y escribió en ella "ABRAZO". Cuando se la dio le pidió a Alv que se la atara a la muñeca y la mirara cada vez que necesitara uno, y cerrara los ojos para sentirlo, el abrazo, que él desde cualquier parte del mundo, se lo estaría dando. Alv se descubre sonriendo al recordarlo, y cierra los ojos para pedirle un abrazo a su amigo. Lo siente, siente el abrazo: cálido, completo, lleno de paz y sobre todo, lleno de todo el amor del mundo.
Entonces se incorpora. Si hay algo que Alv odia hacer es huir de los problemas. Y aunque no le apetece para nada vivir de nuevo otro día, se levanta de la cama. Al darse cuenta de que Sankt ha acertado el lado de la cama por el que se ha despertado, Alv piensa que quizás no le espera un tan mal día, al fin y al cabo, y se dispone a leer la nota que su amigo le ha dejado allí, sobre la mesita.
En la vida acostumbramos a perder grandes cosas y pensar que no encontraremos jamás otras más grandes o mejores. Yo no quiero ser algo más grande o mejor para ti, sólo quiero estar a tu lado en noches como ésta. Y eso, al fin y al cabo, es para mí lo mejor y lo más grande: estar a tu lado. Espero que hayas descansado, lo necesitabas. Te quiero, y si me dices que tú más, yo te digo que te quiero, te adoro, y te vuelvo a querer.
jueves, 16 de agosto de 2012
miércoles, 15 de agosto de 2012
Preguntándome a mí mismo
No te entiendo. Primero te propones no rendirte, luchar por él. Y luego la cagas de esta manera.
¿Acaso quieres estar siempre así, tan solo?
¿Te gusta dormir un día sí y cuatro no?
¿Te gusta no salir a flote, o simplemente eres tan poco inteligente emocionalmente como para no saber hacerlo?
¿Te gusta estar siempre en la línea entre la esperanza y las ganas de morir?
¿Por qué los libros es lo único que te ha salvado la vida?
¿Porque están siempre como tú, en silencio?, ¿porque es la única manera de vivir una vida que no sea la tuya?
¿Cuántas cosas que no deseabas hacer has hecho?
¿Cuántas cosas que no deseabas decir has dicho?
¿Cuántos caminos que no querías tomar has tomado?
¿Has tocado alguna vez a la puerta que tú querías?
¿Alguna vez has llevado tú las riendas de tu vida?
Te sientes un fracasado, ¿verdad?
¿Cuánto tiempo llevas perdido?
¿Estás buscando la salida?
¿Dónde te dejaste tus sonrisas sinceras?
¿Tienes motivos para sonreír? Dime uno.
¿De verdad mereces esto para ti mismo?
¿Tan mal te has portado?
¿Acaso no has querido y amado como el que más?
¿Acaso no has antepuesto siempre la felicidad de los demás a la tuya?
¿No te hacía eso feliz?
¿Vas a devolverle las sonrisas de una maldita vez a toda esa gente que te las está regalando día a día?
¿Vas a quedarte solo el resto de tu vida para que no te vuelvan a hacer daño?
¿Acaso te pueden hacer más daño del que te han hecho?
¿Puedes sufrir más de lo que estás sufriendo ahora?
Mírate: lo que fuiste, lo que ahora eres.
¿Todavía no eres capaz de darte pena a ti mismo? ¿De verdad?
¿Dónde dejaste las ganas de vivir?
¿Por qué tienes tan bien redactada esa carta de despedida, esas últimas palabras?
¿Piensas huir el día menos pensado de la manera más egoísta de la que puede huir el ser humano?
¿Hay alguna solución desesperada que no haya pasado ya por tu cabeza?
Dime, si estás cansado de que todo te salga siempre tan mal, ¿por qué no cambias de estrategia?
Si estás cansado de perder, ¿por qué no cambias la forma de jugar?
¿Por qué huyes de los problemas?
¿Por qué eres tan cobarde?
¿Por qué te odias?
¿Algún día te querrás?
¿Piensas que la vida te tiene guardado tu momento?
¿Vas a esperar al día en el que no estés enamorado para empezar a vivir?
¿Cuándo dejarás de llorar viendo las fotos de la época en la que no conocías esta mierda?
¿Cuándo vas a despertar de esta pesadilla?
¿Cuándo vas a dejar de correr mirando hacia atrás y empezarás a dar pasos firmes mirando hacia adelante?
¿Cuándo vas a aceptar tu única verdad?
¿Cuándo pararás de lamentarte y actuarás en consecuencia?
¿Estás dispuesto a ser feliz de una puta vez?
Sí, llora. Llora gilipollas. Pero vete a llorar donde no te vean. Vuelve sólo cuando tengas todas las respuestas.
domingo, 12 de agosto de 2012
Luciérnagas
Sankt abre los ojos y sonríe por dentro: le encanta estar soñando y ser consciente de ello. Parpadea abandonando su cuarto al cerrarlos y recibiendo al abrirlos una brisa fresca de primavera. Por la posición del sol deduce que es más o menos la misma hora que en la vigilia: entre las cuatro y cinco de la tarde.
Como está tumbado, se incorpora un poco recostándose sobre su codo y costado derechos, mirando hacia la extensión infinita de aquel césped verde pistacho. Es el césped más claro y reluciente que ha visto jamás, y pese a que lo sueña cada día, no se cansa de contemplarlo, como esperando a que salgan a volar todas las luciérnagas que debe de haber escondidas superficialmente bajo tierra, esas que le dan ese brillo tan especial. Está pensando que eso nunca pasará —ya que las luciérnagas sólo se ven de noche y él siempre se sueña bajo el árbol de día— cuando escucha una voz a su espalda:
—Guapete —le llama Alv.
—¿Otra vez aquí? —le pregunta Sankt sin girarse, con una pequeña sonrisa interior. Sabía que vendría.
—Hoy te quedas sin abrazo por la espalda.
—Jo, que es broma grandullón. Anda ven a... —le pide mientras se da la vuelta para descubrir que está de pie, mirándolo desde arriba, con un bote en las manos— ¿qué es eso?
—Tú sabrás, no soy yo el que está soñando.
—Bah, suéltalo, veamos juntos florecer el árbol, como cada mañana y cada tarde.
Alv le obedece, y ahora están tumbados boca arriba, bajo el árbol más grande que ninguno de los dos haya visto jamás, contemplando cómo florece, muy lentamente. Pasa la tarde, y Sankt acaba olvidando el árbol y centrándose en cada detalle de su amigo: su pelo, sus ojos, su nariz, su boca, su cuerpo, su piel... "Observarlo es para mis ojos hacer el amor" piensa. Y tras casi odiarse a sí mismo por haber pensado semejante cursilada, se tira sobre Alv y le abraza, intensa pero suavemente, como le gusta abrazarle sobre el césped. Se ríen, y el recién abrazado por sorpresa opta por una expresión seria para preguntarle a su amigo, que ahora está tumbado a su lado, mirándole fijamente a los ojos:
—¿Ves? Está oscureciendo, es casi de noche.
—Es verdad, es la primera vez que nos quedamos hasta tan tarde, ¿por qué será?
—Porque el tiempo pasa cada vez más rápido cuando estamos juntos —contesta Alv sonriendo.— Mira —añade señalando a las espaldas de Sankt, en dirección al césped.
Sankt se gira y no puede creerlo: de repente el cielo se le antoja negro azabache, y el césped a sus pies brilla fluorescentemente. El brillo empieza a ascender hacia arriba en forma de miles de bichos nocturnos voladores, como puntitos de luz que quieren llegar a ser estrellas allí arriba, en el cielo. Y cuando lo consiguen y llenan la antes oscura cúpula celestial de infinitos puntos luminosos, Sankt cierra la boca, que se acaba de dar cuenta que tenía abierta, y se gira para compartir el asombro con su compañero de sueño. Alv no está, en su lugar está el bote que traía y una margarita que ha parecido querer compensar la huída. Enfadado por la ausencia de su despedida, aunque agradecido por el espectáculo que Alv le había ofrecido —sabía que sólo podía ser cosa suya, que esta vez no lo había creado él mismo— , Sankt coge la margarita y sin entender por qué, da lugar a la típica actividad de los enamorados de quitar uno a uno los pétalos de aquella flor, acompañando el juego con un absurdo y esperanzado "me quiere, no me quiere". Cuando quita el último pétalo, dejando aquella margarita desnuda, sube la vista a la noche estrellada con los ojos empapados: no le quiere.
Entonces algo se mueve allí arriba, entre las estrellas: es una estrella fugaz. Sankt le pide llorando lo único que puede desear ahora mismo. Nunca ha creído en el amor revelado por una margarita, o en los deseos concedidos por estrellas fugaces, y menos por las de un sueño. Pero esta vez el sueño se le antoja tan real que le duele. En mitad del concierto de sollozos, Sankt descubre que la estrella a la que le ha pedido con todas sus fuerzas, está cada vez más cerca. Se da cuenta entonces, de que se ha materializado de nuevo en una brillante luciérnaga que se acerca a él, más flotando que volando. Sin perderla de vista, tantea el césped a su lado, buscando el bote que Alv había traído consigo al sueño. Una vez que lo tiene, encierra sin dificultad alguna al insecto luminoso. Se tumba en el césped, ahora apagado, y abraza llorando su brillante deseo encerrado, decidido a no soltarlo hasta haberlo cumplido.
"Buenas noches, grandullón" suspira.
Como está tumbado, se incorpora un poco recostándose sobre su codo y costado derechos, mirando hacia la extensión infinita de aquel césped verde pistacho. Es el césped más claro y reluciente que ha visto jamás, y pese a que lo sueña cada día, no se cansa de contemplarlo, como esperando a que salgan a volar todas las luciérnagas que debe de haber escondidas superficialmente bajo tierra, esas que le dan ese brillo tan especial. Está pensando que eso nunca pasará —ya que las luciérnagas sólo se ven de noche y él siempre se sueña bajo el árbol de día— cuando escucha una voz a su espalda:
—Guapete —le llama Alv.
—¿Otra vez aquí? —le pregunta Sankt sin girarse, con una pequeña sonrisa interior. Sabía que vendría.
—Hoy te quedas sin abrazo por la espalda.
—Jo, que es broma grandullón. Anda ven a... —le pide mientras se da la vuelta para descubrir que está de pie, mirándolo desde arriba, con un bote en las manos— ¿qué es eso?
—Tú sabrás, no soy yo el que está soñando.
—Bah, suéltalo, veamos juntos florecer el árbol, como cada mañana y cada tarde.
Alv le obedece, y ahora están tumbados boca arriba, bajo el árbol más grande que ninguno de los dos haya visto jamás, contemplando cómo florece, muy lentamente. Pasa la tarde, y Sankt acaba olvidando el árbol y centrándose en cada detalle de su amigo: su pelo, sus ojos, su nariz, su boca, su cuerpo, su piel... "Observarlo es para mis ojos hacer el amor" piensa. Y tras casi odiarse a sí mismo por haber pensado semejante cursilada, se tira sobre Alv y le abraza, intensa pero suavemente, como le gusta abrazarle sobre el césped. Se ríen, y el recién abrazado por sorpresa opta por una expresión seria para preguntarle a su amigo, que ahora está tumbado a su lado, mirándole fijamente a los ojos:
—¿Ves? Está oscureciendo, es casi de noche.
—Es verdad, es la primera vez que nos quedamos hasta tan tarde, ¿por qué será?
—Porque el tiempo pasa cada vez más rápido cuando estamos juntos —contesta Alv sonriendo.— Mira —añade señalando a las espaldas de Sankt, en dirección al césped.
Sankt se gira y no puede creerlo: de repente el cielo se le antoja negro azabache, y el césped a sus pies brilla fluorescentemente. El brillo empieza a ascender hacia arriba en forma de miles de bichos nocturnos voladores, como puntitos de luz que quieren llegar a ser estrellas allí arriba, en el cielo. Y cuando lo consiguen y llenan la antes oscura cúpula celestial de infinitos puntos luminosos, Sankt cierra la boca, que se acaba de dar cuenta que tenía abierta, y se gira para compartir el asombro con su compañero de sueño. Alv no está, en su lugar está el bote que traía y una margarita que ha parecido querer compensar la huída. Enfadado por la ausencia de su despedida, aunque agradecido por el espectáculo que Alv le había ofrecido —sabía que sólo podía ser cosa suya, que esta vez no lo había creado él mismo— , Sankt coge la margarita y sin entender por qué, da lugar a la típica actividad de los enamorados de quitar uno a uno los pétalos de aquella flor, acompañando el juego con un absurdo y esperanzado "me quiere, no me quiere". Cuando quita el último pétalo, dejando aquella margarita desnuda, sube la vista a la noche estrellada con los ojos empapados: no le quiere.
Entonces algo se mueve allí arriba, entre las estrellas: es una estrella fugaz. Sankt le pide llorando lo único que puede desear ahora mismo. Nunca ha creído en el amor revelado por una margarita, o en los deseos concedidos por estrellas fugaces, y menos por las de un sueño. Pero esta vez el sueño se le antoja tan real que le duele. En mitad del concierto de sollozos, Sankt descubre que la estrella a la que le ha pedido con todas sus fuerzas, está cada vez más cerca. Se da cuenta entonces, de que se ha materializado de nuevo en una brillante luciérnaga que se acerca a él, más flotando que volando. Sin perderla de vista, tantea el césped a su lado, buscando el bote que Alv había traído consigo al sueño. Una vez que lo tiene, encierra sin dificultad alguna al insecto luminoso. Se tumba en el césped, ahora apagado, y abraza llorando su brillante deseo encerrado, decidido a no soltarlo hasta haberlo cumplido.
"Buenas noches, grandullón" suspira.
Ser como yo (Welcome to my life - Simple Plan)
¿Alguna vez has sentido que te derrumbas? ¿Alguna vez te has sentido fuera de lugar; simplemente como si todo se tratase de algo a lo que no perteneces, y nadie te entiende? ¿Alguna vez has querido escapar? ¿Te encierras bajo llave en tu dormitorio con la radio encendida y el volumen tan alto como para que nadie oiga tus gritos?
No, no sabes cómo es sentir que nada va bien. No sabes cómo es ser como yo: estar herido, sentirse perdido, estar abandonado en la oscuridad. Sentirte pateado cuando caes deprimido, sentir que te han empujado. Estar a punto de romperte y que no haya nadie ahí para salvarte... No, no sabes cómo es. Bienvenido a mi vida.
¿Quieres ser otra persona? ¿Estás cansado de sentirte tan rechazado? ¿Estás desesperado por encontrar algo más antes de que se acabe tu vida? ¿Estás atrapado dentro de un mundo que odias? ¿Estás cansado de todos los que te rodean, con sus enormes sonrisas falsas y estúpidas mentiras, mientras por dentro estás sangrando?
No, no sabes cómo es sentir que nada va bien. No sabes cómo es ser como yo: estar herido, sentirse perdido, estar abandonado en la oscuridad. Sentirte pateado cuando caes deprimido, sentir que te han empujado. Estar a punto de romperte y que no haya nadie ahí para salvarte... No, no sabes cómo es. Bienvenido a mi vida.
A ti nadie te miente a la cara, nadie te apuñala por la espalda. Debes de pensar que soy feliz, pero no, no estoy bien. A ti los demás siempre te han dado lo que querías. No te has tenido que ganar nada, lo has tenido todo siempre ahí. No, no sabes cómo es...
Estar herido, sentirse perdido, estar abandonado en la oscuridad. Sentirte pateado cuando caes deprimido, sentir que te han empujado. Estar a punto de romperte y que no haya nadie ahí para salvarte... No, no sabes cómo es.
Bienvenido a mi vida.
No, no sabes cómo es sentir que nada va bien. No sabes cómo es ser como yo: estar herido, sentirse perdido, estar abandonado en la oscuridad. Sentirte pateado cuando caes deprimido, sentir que te han empujado. Estar a punto de romperte y que no haya nadie ahí para salvarte... No, no sabes cómo es. Bienvenido a mi vida.
¿Quieres ser otra persona? ¿Estás cansado de sentirte tan rechazado? ¿Estás desesperado por encontrar algo más antes de que se acabe tu vida? ¿Estás atrapado dentro de un mundo que odias? ¿Estás cansado de todos los que te rodean, con sus enormes sonrisas falsas y estúpidas mentiras, mientras por dentro estás sangrando?
No, no sabes cómo es sentir que nada va bien. No sabes cómo es ser como yo: estar herido, sentirse perdido, estar abandonado en la oscuridad. Sentirte pateado cuando caes deprimido, sentir que te han empujado. Estar a punto de romperte y que no haya nadie ahí para salvarte... No, no sabes cómo es. Bienvenido a mi vida.
A ti nadie te miente a la cara, nadie te apuñala por la espalda. Debes de pensar que soy feliz, pero no, no estoy bien. A ti los demás siempre te han dado lo que querías. No te has tenido que ganar nada, lo has tenido todo siempre ahí. No, no sabes cómo es...
Estar herido, sentirse perdido, estar abandonado en la oscuridad. Sentirte pateado cuando caes deprimido, sentir que te han empujado. Estar a punto de romperte y que no haya nadie ahí para salvarte... No, no sabes cómo es.
Bienvenido a mi vida.
Sólo amigos
¿Acaso no era eso lo que siempre había pedido: ser su amigo durante el resto de su vida? Pues ahí lo tenía.
Para cuando pudo darse cuenta, Sankt le había confesado a su amigo todo lo que sentía por él, o casi todo.
Alv se había encargado de casi obligarle a que se lo contara, llevaba tiempo sospechando. Y cuando la verdad, o casi toda la verdad fue dicha, Sankt no supo qué hacer, qué decir. Sentía que perdería todo lo que tenía: su mejor amigo. Pero, como no podía ser de otra manera, Alv tomó las riendas de la situación y se encargó de borrarle a Sankt todos sus miedos.
"Creo que no hay cosa peor a que tu amor no correspondido te trate tan bien, te asegure no cambiar nada en vuestra actual relación, te prometa no abandonarte pase lo que pase" pensó Sankt una vez que la conversación se dio por finalizada con una de sus falsas sonrisas que Alv le había forzado a esbozar.
Sólo amigos. Eso sería para él el resto de su vida: su amigo, como mucho. No había cosa que aliviase y doliese tanto a la vez como saber que él estaría siempre a su lado, pero que jamás podría amarlo. Antes tenía dos razones por las que vivir, dos metas por las que luchar y alcanzar, y ahora sólo le quedaba una: que Alv fuese feliz cada minuto de su vida.
Para cuando pudo darse cuenta, Sankt le había confesado a su amigo todo lo que sentía por él, o casi todo.
Alv se había encargado de casi obligarle a que se lo contara, llevaba tiempo sospechando. Y cuando la verdad, o casi toda la verdad fue dicha, Sankt no supo qué hacer, qué decir. Sentía que perdería todo lo que tenía: su mejor amigo. Pero, como no podía ser de otra manera, Alv tomó las riendas de la situación y se encargó de borrarle a Sankt todos sus miedos.
"Creo que no hay cosa peor a que tu amor no correspondido te trate tan bien, te asegure no cambiar nada en vuestra actual relación, te prometa no abandonarte pase lo que pase" pensó Sankt una vez que la conversación se dio por finalizada con una de sus falsas sonrisas que Alv le había forzado a esbozar.
Sólo amigos. Eso sería para él el resto de su vida: su amigo, como mucho. No había cosa que aliviase y doliese tanto a la vez como saber que él estaría siempre a su lado, pero que jamás podría amarlo. Antes tenía dos razones por las que vivir, dos metas por las que luchar y alcanzar, y ahora sólo le quedaba una: que Alv fuese feliz cada minuto de su vida.
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No sé exactamente si eran mariposas, pero estaban ahí sin que yo las llamara; cada vez que te acercabas, ¡revoloteaban!. Eran tuyas pero estaban en mi estómago...
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